VIVIR SIN PRISA, VIVIR SLOW

Posted by UserStrit on Marzo 30, 2017

El mundo se mueve con más rapidez de lo que jamás lo había hecho. Uno de los valores que prima está relacionado con la obsesión por hacer todo más rápido y en el menor tiempo posible, por ser más eficientes, por hacer más cosas por minuto, por hora, cada día. Estamos  la era de la velocidad. Larry Dossey, médico estadounidense, ya hablaba en la década de los 80 de la “enfermedad del tiempo”. El síntoma de esta enfermedad en las sociedades modernas es la lucha contra el reloj que nos proponemos en la realización de algunas de nuestras actividades diarias. ¿Por qué tenemos siempre tanta prisa? ¿Es posible hacer las cosas con más lentitud?

Frente a esta epidemia nace la filosofía “Slow” (lento). Surge en Italia en 1986 de la mano del periodista Carlo Petrini como una protesta a la apertura de un McDonals en una plaza en Roma. Él vio en ello una amenaza a la saludable alimentación tradicional mediterránea y decidió movilizarse para luchar contra la comida basura, dando origen a lo que desde entonces se denomina “slow food” (comida lenta). La idea era proteger y defender los intereses de los productos alimenticios locales.

Si bien el movimiento original era “Slow Food”, se extendió hacia otros ámbitos de la vida como “Slow Life”, “Slow Sex”, “Slow Cities”, “Slow Education”, etc. El movimiento “Slow” propone conseguir controlar el tiempo antes que vivir sometidos a él, priorizando la realización de actividades que apoyen el desarrollo integral de la persona, como por ejemplo: salir con los amigos, preparar una comida o dormir una siesta. Quienes comulgan con él defienden que las actividades más importantes del ser humano deberían realizarse con calma.

Claramente esta filosofía es una reacción contra el ritmo desenfrenado de la vida actual y promueve  valores como disfrutar y saborear la vida al máximo. Propone ser totalmente conscientes en cómo invertimos nuestro tiempo, lo que nos lleva a ser lo más selectivos posible y nos anima a dejar de pisar el acelerador para aprender a movernos al ritmo de un caracol.

Carl Honoré, periodista canadiense, es uno de los representantes de este movimiento. Plantea en uno de sus últimos libros que “una vida con prisas es una vida sin vivir, es una vida superficial, así la lentitud no tendría nada que ver con la ineficacia sino con el equilibrio”. Un vivir más lento reclama un mayor contacto con la naturaleza, una educación para la solidaridad y no para la competitividad, un sistema sanitario más personalizado y un trabajo más creativo. La lentitud aporta tranquilidad y relax para que podamos conectarnos con el placer de gozar de la vida y ser felices.

 

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